Autodenominación:

 

Ngigua/Ngiba

 

Familia Lingüística:Otomangue

 

 

 

Zonas en las que se habla: 

 

Es una región conformada por 11 municipios del estado de Oaxaca, entre otros: Ocotlán, San Francisco Teopa, San Miguel Tequixtepec, San Pedro Nopala, Santa Magadalena Jicotlán, Teotongo, San Miguel Huautla, Santa María Nativitas, San Juan Bautista Coixtlahuaca, San Miguel Tulancingo, San Miguel Chicahua.

 

 

 

 

 

 

 

El chocholteco, ngigua o ngiba (según las dos variantes dialectales) pertenece a la familia lingüística otomangue, por ser el otomí y el mangue (lengua extinguida hace ya más de un siglo) las lenguas que delimitan el área de hablantes. Se trata de una familia lingüística grande, integrada por diferentes subgrupos de lenguas. Uno de ellos, el popolocano reúne a cuatro lenguas cercanas entre sí: el chocholteco, el popoloca (que se habla en el sur de Puebla), el mazateco y el ixcateco. Si establecemos tres franjas generacionales entre los hablantes de chocholteco, se observa que en la generación intermedia, la que va de los 25 a los 45 años, sólo algunos hablan el idioma de sus antepasados y un alto porcentaje no lo habla, o bien lo entiende pero no lo habla. Los menores de 25 años no lo hablan ni lo entienden. Sólo unos cuantos ancianos conservan una conciencia de la ruptura cultural que representa la atrofia del uso de la lengua; se convierten en recordantes, en testigos de su pasado aunque hayan perdido la función de transmisores plenos de un universo colectivo. La ausencia de destinatarios niños y jóvenes que entendieran o hablaran el ngigua produjo una falta de la memoria aunada a una baja autoestima de su lengua y de su cultura. No hay contextos de uso, por lo que los ancianos se convierten en protagonistas y autores de su propia conciencia cultural. Dentro de la zona chocholteca, en las escuelas del sistema educativo indígena ya no se enseña la lengua materna a los niños, quienes tampoco reciben ese legado por parte de su madre. Apenas en los últimos años surgió el interés de algunos maestros pertenecientes a instituciones gubernamentales, como la Dirección General de Culturas Populares-SEP, el Centro Coordinador Indigenista con sede en Nochixtlán, dependencia de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas-CDI (antes Instituto Nacional Indigenista-INI) y, más recientemente, el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas-INALI por implementar programas de lectoescritura en chocholteco. Pero hasta ahora los resultados han sido bastante precarios, debido a la escasa preparación de los instructores, al desinterés de los niños y a la alta fragmentación dialectal que se aprecia en la región, resultado precisamente del avanzado grado de extinción en que se halla la lengua y que dificulta la estandarización de un alfabeto.

A principios de 1990 los chocholtecos obtuvieron una hora diaria de transmisión a través de La Voz de la Mixteca, una de las 27 radioemisoras bilingües auspiciadas por el INI, profundamente arraigadas en centenares de comunidades indígenas. Esa radio transmitía hasta entonces programas bilingües español-mixteco y español-triqui. La inclusión de un espacio dirigido a los chocholtecos, al promover el uso de la lengua oral, generó un verdadero renacimiento del interés de niños y jóvenes por sus raíces culturales. En diciembre de 1991 este proyecto obtuvo incluso el apoyo de recursos económicos por parte de los Fondos de Solidaridad para la Promoción del Patrimonio Cultural de los Pueblos Indígenas de México, que entregó el gobierno federal a través del INI. Pero hacia mediados de 1996 tales programas bilingües en español y ngigua se habían interrumpido por diversos problemas prácticos
—carencia de recursos técnicos, económicos y humanos, aunque sigue habiendo intenciones de reanudarlos. Sin embargo, es preciso estar conscientes de que emisiones radiofónicas como éstas, programas de enseñanza de la lengua o eventuales publicaciones impresas con apoyo del Instituto Lingüístico de Verano-ILV, no son suficientes por sí solas para salvar un idioma cuya subsistencia depende sustancialmente de la recuperación de todas sus principales funciones vitales.